CRONOS (DIOS DEL TIEMPO)
Tiempo
Tiempo festejado en la danza
de este trazo circular y urgente
de días sucediéndose
Celebrado en la liturgia
de un destino que niega
la vocación de sabernos en el asombro
o fugarnos ambiguos en el miedo
Tiempo cantado por el gallo
en la castidad del alba
ofrecido en su pregón
por la voz del verdulero
que anuncia el perejil y las mazorcas
cuando canta sus cebollas
Tiempo delineado en la coordenada secreta
que orienta al girasol
en la fugacidad del colibrí y su vibrante aleteo
en la distancia que separa a las astromelias del viento
Tiempo prisionero
insomne en la piedra y su oscuro silencio
en la memoria de su inercia embestida
en la arista cautiva en la geometría del cristal
Tiempo confesado por la lluvia
en los paraguas de la tarde
en el diálogo de la brisa
en el diáfano argumento de la luna en el aljibe
en el coqueto zumbido de alas
cuando ocurre el milagro de un néctar laborioso
en la queja del tambor y de la gaita
y su reclamo en la voz de los ancestros
Tiempo azotado por el trueno
rasgado por la violenta espina de la rosa
estremecido por el fragor del fuego
por el dolor que purifica y salva
Tiempo sin origen
sin final
absoluto
rastro nómada de sombras
en la clandestinidad de la luz
en la elementalidad del instante
Tiempo circular
sin llegada
sin regreso
tiempo total intangible
te ofrezco mi brevedad mis cenizas
para que repitas el milagro
en mi caída a tus abismos
en mi final.
Autor: Miguel Torres Pereira
Para abreviar estos abismos
La noche ensimismada
en su silencio unánime
acoge el vértigo
que traduce el lenguaje secreto de la zozobra
Coordenadas anónimas
de cada muerte que anticipa la caída
frente al vacio indescifrable
toda luz posible
El asedio de una lágrima
en la pupila del miedo
me confirma esta nada que alojo
me niega este todo que grito
Somos silencios en la canción nómada
que confiesa sus raíces
en el duelo del pájaro
que llora al cadáver mutilado
que alguna vez hemos sido
en cada rio recorriéndonos
con su grito terrible
en la trayectoria del relámpago
que enciende el pábilo de la noche
en la última llovizna
que bebemos en las manos
para reinventar el vértigo
en cada puente colgado
que abrevia estos abismos
donde oficia el dolor de ser fugaces
en el último salto
en el único vacío.
Autor: Miguel Torres Pereira
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