miércoles, 30 de septiembre de 2020


REGISTROS DE ENCUENTROS CON LA PALABRA.


POETAS: MIGUEL TORRES, JUAN REVELO, ARGEMIRO MENCO Y SOCO MÁRMOL BRIS. 


POETAS: MIGUEL TORRES, JUAN REVELO, ARGEMIRO MENCO, SOCO MÁRMOL BRIS Y LIDIA CORCIONE


GABRIEL GARCÍA MARQUEZ Y MIGUEL TORRES PEREIRA.



POETAS: MIGUEL TORRES PEREIRA Y GONZALO MARQUEZ CRISTO 


GONZALO MARQUEZ, MIGUEL TORRES Y AMPARO INÉS OSORIO. 



 POETAS: MIGUEL TORRES PEREIRA Y LAURA RESTREPO. 


  

 

19 FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESIA EN CARTAGENA




PEDRO BLAS JULIO Y                      LIDIA CORCIONE Y 

MIGUEL TORRES PEREIRA            MIGUEL TORRES PEREIRA. 

 
RECITAL DE POESÍA "UN MUNDO SIN MUROS" - MOVIMIENTO POÉTICO MUNDIAL 

UNIVERSIDAD DE CARTAGENA.






POETAS: MIGUEL TORRES PEREIRA, HERBERT PROTZKAR, LIDIA CORCIONE, RÓMULO BUSTOS AGUIRRE, JAIME ARTURO MARTINEZ. 


 POETAS: URIEL CASSIANI, MIGUEL TORRES, HERBERT PROTZKAR, LIDIA CORCIONE, WINSTON MORALES, EVA DURÁN, RENÉ ARRIETA, HORTENCIA NAISARA, PEDRO BLAS JULIO ROMERO. 



POETAS: MIGUEL TORRES, WINSTON MORALES, PEDRO BLAS JULIO, RÓMULO BUSTOS, RENÉ ARRIETA, MARTÍN SALAS, HERBERT PROTZKAR. 





POETAS: HERBERT PROTZKAR, MIGUEL TORRES, PEDRO BLAS JULIO Y JAIME ARTURO MARTINEZ. 


RECITAL BIBLIOTECA FERNANDEZ DE MADRID - UNIVERSIDAD DE CARTAGENA.







 POETAS: PEDRO BLAS JULIO ROMERO, ARGEMIRO MENCO, HERBERT PROTZKAR, RENÉ ARRIETA, CLAUDIA DELAESPRIELLA, MIGUEL TORRES PEREIRA Y ATILA LUIS KARLOVICH. 

 

MOMENTOS DE "SILABA DE AGUA-FIESTA DE LA PALABRA"







LANZAMIENTO DE LOS POEMARIOS "PULSACIONES DEL TEDIO Y LA VIGILIA", "LA MASCARA DE LOS DÍAS" Y LA REVISTA "EPIGRAMA", DEL POETA HERBERT PROTZKAR ANDRADE, EN LA UNIVERSIDAD DE CARTAGENA. 





HERBERT PROTZKAR, LIDIA CORCIONE, ARGEMIRO MENCO, MIGUEL TORRES PEREIRA Y JAIME ARTURO MARTINEZ
HERBERT PROTZKAR, LIDIA CORCIONE, ARGEMIRO MENCO, MIGUEL TORRES PEREIRA Y JAIME ARTURO MARTINEZ. 


 

 
NO ES EL TIEMPO EN DONDE EL POETA LEVANTA SU TIENDA, ES EL INSTANTE.

Breve acercamiento a la poética de Miguel Torres Pereira

 

Por: Hernando Guerra Tovar

 

No es el tiempo en donde el poeta levanta su tienda, es el instante. En esta  eternidad, Miguel Torres Pereira inventa la pausa, la brecha, el centro de toda exhalación posible; deja caer allí su respiración de fuego, su percepción de aliento “Un día para que el aliento por el que fui posible / suspire un canto leve impreciso / donde nada gravita / donde todo es eterno.” 

De ser verdad que el poeta percibe diferente al mundo como lo anunciara Blake en El matrimonio del cielo y del infierno, y que esa virtud o condena hace la luz, entonces todo armisticio queda clausurado y la palabra se desborda en su más pura intimidad, en su decir callado, en su explosión extática. El mundo sólo puede acudir a esas nupcias en el asombro o el desdén, con la apatía o el interés germinal que le dictan  sus más caros propósitos de enmienda. Entretanto, el decir poético, que no es diferente al señalar, advierte la memoria, sugiere la instancia, el fluir mismo, no ya desde la mirada, sino en la pura intuición, en el paciente observar, en la Estación del instante: “miedo original buscándose hacia adentro /  como piedra que se reinventa cada día / queriendo hallar su metamorfosis inútil en el tiempo.”

Mas el tiempo y el espacio, realidad o deseo, tienen de todas formas y en el contenido propicio, la urgente necesidad de la impronta, de acudir a la huella, al paso por la piel del entorno, en donde habitan el hacer y el deshacer que llamamos vida, luz y sombra, a veces claroscuro, y lo primero que acude entonces es el patio de Rojas Erazo en contraste al paisaje de Aurelio Arturo, génesis de una escritura que enmarca la poética colombiana desde 1931, cuando el señor de la Morada al sur nos dijera la brevedad emparentada al paisaje, al país de todos los verdes, del verde de todos los colores; y de la hamaca, el aljibe, el matarratón en la plástica de Erazo. Sur y norte, trasiego de la poesía de la mano del hombre que a mitad del siglo veinte, a sólo algunos pasos del milagro, se convirtiera en tragedia, en profundo abismo, en noche que aún no cesa: “Fueron sus únicas respuestas / emprendieron el vuelo / En el patio aún reposan sus huellas desplumadas.”

Y en Las canículas del Caribe, en donde el patio y el jardín que lo habita escriben la astro-melia “Con la voz del relámpago”, es decir el poema, o la ofrenda de la noche para “que la soledad cabalgue / y arrase a este ejército ciego de ángeles que somos”; en la Complicidad, la Certeza, los Pasos negados y La revelación, porque “La vida transita en el jardín”, en El instante alumbrado, el poeta que es Miguel Torres Pereira, increpa al lector amigo; al homicida que limpia el filo iluminado; al cura tropical que maldice y apostrofa; al que cruza la calle inadvertido; al pueblo todo de este país en sombra; para decirle a cada uno de frente, a la cara, ¡despierta de una vez por todas!: “Abre tus ojos y contempla / el milagro de una hoja desprendida.”: la poesía…




 


Colección Obra abierta hoy quiere compartirles, la antología:

El corazón de la noche de Miguel Torres Pereira.


Lo que hace grande a un poeta es quizá su formación desolada de urdidor, de aquel que se abandona más allá de quererlo todo, que sacrifica una vida para lograr un verso. Este designio se encuentra en Miguel Torres Pereira, quien logra hacer comulgar palabras fatales, como si fueran los pedernales precisos para sacar chispas. Yo lo siento un Prometeo. Sus imágenes son un prodigio misterioso y sublime.

 

https://coleccion-obra-abierta.webnode.es/_files/200000076-044170441a/29.El%20coraz%C3%B3n%20de%20la%20noche.pdf?fbclid=IwAR1wrEhbJwzofT3BLT9c7myVv7jvGwL51tiaeP7oFUwGSh-ONIKnMSFXIEE



Por: Zeuxis Vargas


 

MIGUEL TORRES PEREIRA ESTA CASA QUE ME HABITA.

Por: Hernando Guerra Tovar

NO ES EL TIEMPO EN DONDE EL POETA LEVANTA SU CASA, ES EL INSTANTE. En esta eternidad, Miguel Torres Pereira inventa la pausa, la brecha, el centro de toda exhalación posible; deja caer allí su respiración de fuego, su percepción de aliento “Un día para que el aliento por el que fui posible / suspire un canto leve impreciso / donde nada gravita / donde todo es eterno.”

De ser verdad que el poeta percibe diferente al mundo como lo anunciara Blake, y que esa virtud o condena hace la luz, entonces todo armisticio queda clausurado y la palabra se desborda en su más pura intimidad, en su decir callado, en su explosión extática. El mundo sólo puede acudir a esas nupcias con el asombro o el desdén, con la apatía o el interés germinal que le dictan sus más caros propósitos de enmienda.

Entretanto, el decir poético, que no es diferente al señalar, advierte la memoria, sugiere la instancia, el fluir mismo, no ya desde la mirada, sino en la pura intuición, en el paciente observar, en la Estación del instante: “miedo original buscándose hacia adentro / como piedra que se reinventa cada día / queriendo hallar su metamorfosis inútil en el tiempo.”

Mas el tiempo y el espacio, realidad o deseo, tienen de todas formas y en el contenido propicio, la urgente necesidad de la impronta, de acudir a la huella, al paso por la piel del entorno, en donde habitan el hacer y el deshacer que llamamos vida, luz y sombra, a veces claroscuro, y lo primero que acude entonces es el patio de Rojas Herazo en contraste al paisaje de Aurelio Arturo, génesis de una escritura que enmarca la poética colombiana desde 1931, cuando el señor de la Morada al sur nos dijera la brevedad emparentada al paisaje, al país de todos los verdes, del verde de todos los colores; y de la hamaca, el aljibe, el matarratón en la poética de Rojas Herazo. Sur y norte, trasiego de la poesía de la mano del hombre que a mitad del siglo veinte, a sólo algunos pasos del milagro, se convirtiera en tragedia, en profundo abismo, en noche que aún no cesa: “Fueron sus únicas respuestas / emprendieron el vuelo / En el patio aún reposan sus huellas desplumadas.”

Y en Las canículas del Caribe, en donde el patio y el jardín que lo habita escriben la astro-melia “Con la voz del relámpago”, es decir el poema, o la ofrenda de la noche para “que la soledad cabalgue / y arrase a este ejército ciego de ángeles que somos”; en la Complicidad, la Certeza, los Pasos negados y La revelación, porque “La vida transita en el jardín”, en El instante alumbrado, el poeta que es Miguel Torres Pereira, increpa al lector amigo; al homicida que limpia el filo iluminado; al cura tropical que maldice y apostrofa; al que cruza la calle inadvertido; al pueblo todo de este país en sombra; para decirle a cada uno de frente, a la cara, ¡despierta de una vez por todas!: “Abre tus ojos y contempla / el milagro de una hoja desprendida.”:¡la poesía!

*Título sugerido por Carlos Castillo Quintero, a partir de un poema del autor.



http://www.burdelianaspoetry.com/escritores-colombianos/miguel-torres/?fbclid=IwAR0VeN6bl6WCF2_K0ZNhu-fY5Xss3isTuCfcR-4eJ7ebRB6YhQ-1bTn-_q8

 

jueves, 27 de marzo de 2014

Poemas - Miguel Torres Pereira

EN EL FILO DEL ENIGMA
Se me antoja cantar el abandono
en la víspera del miedo
en el insoportable filo del enigma
Anunciar la primicia de un dolor legítimo
en la orilla furiosa del invierno
                                y  su relámpago terrible
cuando clama un pedazo de noche
para su naufragio en el espejo
Descubrir el abrazo de infinito
en el último grito de mi sangre
su presagio en los límites
                                  clandestinos del exilio
Deshojar la perplejidad que canta
                                  el asombro de encontrarme negado
en la soledad esférica de la muerte
                                  en la impunidad brutal del olvido.
Miguel Torres Pereira.


EN EL MILAGRO SOMOS POSIBLES
La lluvia es oblicua
en el invierno que inventa
cada nube prometida
El canto del agua
                      temblor callado en el espejo
donde rescato en su vuelo
la silueta de tus sueños
antes que se fragmenten
en el filo secreto de la luz

En la intensión de descifrar su misterio
la noche se vuelve esférica
en la profundidad del silencio
la sombra se escurre
                         presagio sigiloso
donde la luz clama
un refugio probable para su esencia
                                     para su enigma
para el milagro donde somos posibles
                             agua primigenia
                                       sal inicial
                                              sombra legítima
                              oscuridad estremecida.
Miguel Torres Pereira          


Breve viaje a la Estación del Instante

Por RENÉ ARRIETA PÉREZ.


La poesía de Miguel Torres Pereira, sobre todo, la que fluye en Estación del Instante es propiciatoria del fuego que enciende la palabra, e igualmente, es enunciadora de luz, de sus ritos, de su naturaleza. Él le canta y la celebra, como Whitman lo hacía consigo mismo. Aunque está hecha con materia de lo cotidiano y la inmediata población de sus seres, es imagen  microscópica del todo, de lo Uno. Por  eso cada cosa dispuesta en este universo de palabras tiene el totalizador aliento del  ser.
En el texto inicial del poemario, El milagro crepitante, el poeta suscribe: “…tampoco sospecharon /  que la intimidad de la piedra / me ofrecía su espíritu / en el grito de la hoguera”.
El poeta canta al fuego. Adán lo poseía y lo perdió. Prometeo, en sus travesuras, entre las esferas lo toma e irresponsablemente devuelve al hombre lo perdido, sin importarle si este hizo méritos para, así nuevamente, tenerlo:
“Fue Prometeo jugando con los hombres / quien se atrevió a colocar en sus manos / el fuego / mi promesa de cenizas.”
Los sentidos del poeta no comportan opacidad ante la luz, por su capacidad para saltar el umbral,  allí, en la Estación del instante, la vive y la disfruta, y de vuelta de ese vasto reino, en su sensatez, sólo es dueño de la imagen, del pálpito.
En el poema Canículas, sabe de la réplica que se opera, del principio hermético “Como es arriba es abajo”, que cuenta la misma historia por amor a la semejanza: “A retazos la canícula se prolonga / y llena de proclamas legítimas / el tiempo clamoroso”.
En medio de la tarde, asumimos el yo lírico del niño, cuando dice: “En el celaje del relámpago / hallé el camino de la infancia / un corredor apacible / un patio súbito de encantos /  el escondite secreto de esos días / cantados en la algarabía de la tarde.”
En la mirada primera, de consistencia tierna, la luz. Fuerza y dentelladas sin provocar herida. Sólo deja a su marcha su denso manto de sombras:
“… Infancia sagrada ungida de hierbas y asombros / festejadas en el filo de la luz… (…) Sólo éramos tres en medio de la tarde / en el corazón de la noche”.
Son fragmentos de instantes, de memoria, que sacralizan la infancia, su virginidad y pureza, vestida con el verde de las hierbas.
Para otros vientos, tendrá reservado un tumulto de palomas, es lo que hará “cuando la mañana ocurra lenta”, y el niño verá todo a través del celofán de las libélulas.
Ese niño, asombrado, ofrece variaciones al final de la noche: petición y ofrenda. Interpela al soberano de todos los ámbitos y dominios para gastar esa moneda que en su sello y su cara tiene lo que pretende consumar. En la petición está implícita la ayuda, la guía – en medio de cualquier ambiente y dificultad- porque se sabe parte de ese “ejército ciego de ángeles”. Y en la ofrenda está la orfandad del ser, y la dificultad representada en un poco de luz difuminada, en ese ángel que pone las pruebas. Y él se conoce identificándose: “insiste en negarme”.
Se procura la sutil materia atrapando un poco de luz. En esta instancia se advierte el ejercicio del trazado, del pintor y el dibujante, la disposición de la imagen que nombra y el trazo que define. La luz  despliega las formas y los contornos esparcen las sombras. Para hacer funcional este tiovivo están los seres y las cosas domésticas: la madre y los abuelos, la repisa, las tinajas. La luz es substancia, la luciérnaga y la lámpara son agentes. Allí están los elementos en su profundo orden y en su aplicada armonía:
“Bastó el corredor apretado de penumbras / para saber que mi madre me pediría prestada / la luz que atrapó para encender su lámpara / y convocar una legión de sombras / la sombra del tinajero y su milagro cóncavo / destilando secretos lentos en el rincón / la silueta sepia de los abuelos y sus miradas vacías / la mística de la repisa…”
Ese hechizo que es la luz en el poeta es átomo o retal, materia expuesta, descubierta por la luz, y logra la forma y el cromatismo, regalos de ella, extensión de la magnanimidad solar. Por la luz todo nace y todo fenece: el cerezo –frutecida florescencia-, y las osadas alas de Ícaro en su centro de combustión.
En el poema Creo en la luz, el yo lírico refrenda su acto de fe y así acepta la verdad, su verdad, que es la luz, que le confirma sus asombros, y a través de la cual advierte la eternidad en la geometría sagrada del caracol, luz que se extiende a la luciérnaga, y ésta a su vez la lanza a los cerezos. Así, esa luz, aunque tenue o translúcida, se halla en el barro, la hierba o el árbol, y hasta en los oficios que aniquilan al ser, todo en Uno: sangre, mar y grito.
Este poema, en particular, es turgente y ebrio en su claro de sol, en lo infinito:
“Detuve mi partida por creerle a la luz / que confirmó mis asombros / advertí el murmullo de la eternidad / que aprisiona el caracol (…)
(…) Descifré los hilos del tiempo en el nido / de los pájaros / los enigmas del cosmos en sus cantos (…)
(…) Descubrí la fragilidad del barro / en la hierba y el árbol que declinan / en las urgencias que te aniquilan y nos prolongan / sobre este instante altísimo todo lo entiendo / somos mar  somos sangre galopando…”
El poemario, en cada una de sus estaciones nos devela instantes. Memoria de migraciones es un texto en memoria del poeta y amigo Jorge García Usta. En él se enuncia nostalgia y soledumbre de una estirpe, de la parcela matriz, el éxodo y la nueva patria en el albor de los días más próximos que le ciñen. Es cosmogonía, sangre trémula en el ejercicio de su premura. Es tiempo y espacio y geografía, y el dolor mismo de asumir los elementos:
“Somos vuelo en la memoria de las migraciones / límite impreciso entre aurora y ocasos / una noche donde la intimidad del tiempo / señalará el final / cuando las coordenadas se inviertan / y sólo seamos celaje / un trazo del cosmos.”
En alguna estación del libro nos llegan noticias del humo inaugural. Hay imploración al fuego, a su principio, a su esencia y su ley. El poeta solicita su iniciación en lo gnosis del elemento ígneo:
“Muéstrame las cavernas y su incendio milenario / las erupciones y el rayo (…)
(…)Dame noticias de lo absoluto de tu esencia / para entender la languidez de esta llama / que vacila entre mis manos / la noche y estos versos.”

La iniciación primera ha sido la poesía, que es vislumbre de esencias. El poeta lo afirma en Complicidad, donde la luciérnaga es portadora de luz, y, como símbolo, establece su reino, pues, aquí todo transita en el jardín.



René Arrieta Pérez es filólogo, escritor y periodista, doctorando en Literatura Española e Hispanoamericana de la Universidad de Salamanca. Ha publicado Salmos del segador de mieses, He olvidado su nombre, Otras voces y Antología poética. Ha sido antologado en distintos libros como: Los bordes de Babel, en Colombia; y en España en El corazón de la palabra, El mundo al otro lado, La tierra en las entrañas, Los poetas y Dios y El cielo de Salamanca. Ha publicado en diversas revistas de Colombia y la Península Ibérica. Obtuvo galardones en Colombia como el de finalista en el Premio Nacional de Cuento Caribe(1992), El Premio Casa de Poesía Silvas, en su versión La poesía tiene la palabra(1991), Premio de poesía Universidad de Cartagena en dos ocasiones (1993-94), y Premio Nacional de Poesía Jorge Artel, segundo puesto(1994). Se ha desempeñado como profesor en distintas universidades. Radicado en España desde 2001.

Fotos - Miguel Torres Pereira

Argemiro menco ,
gonzalo marquez y
Miguel Torres Pereira.




















Argemiro Menco , 
Hernando Socarras y 
Miguel Torres Pereira












Bogota
Lanzamiento Feria 2011












Dialogo entre el nobel Garcia Marquez y el poeta Miguel Torres Pereira.













Frente al mural de Obregon


Leda y Gabo
Miguel Torres y Gabriel Garcia Marquez 2010

Miguel Torres Pereira y Gonzalo Marquez
Miguel Pereira Torres y Hernando Socarras







sábado, 14 de abril de 2012

El DESEO DE LA LUZ


HERNANDO SOCARRAS


(Bogotá, 1945).Adoptado por varias ciudades de la costa atlántica vive actualmente exiliada en una finca cercana a Cartagena de Indias. Autor de Un solo aquello (1980), Trapecios (1981), Piel imagina (1987), Sin manos de atar (1989), Que la tierra te sea leve (1992), Cántico hechizo (1992) y de una antología de su obra titulada Poemas (1994) Hernando Socarrás es otro de nuestros invitados al Conjuro Capital de Común Presencia, con el apoyo de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, que será lanzado dentro de la colección internacional de literatura Los Conjurados.

A la sombra de los espejos nos es dado escribir. Leer poesía. Dudar del tiempo y de los signos que alertan su misterioso contenido.

Los innumerables asuntos de lo poético, como la voz de un río, el diálogo de las semillas, el tacto sobre los organismos que exaltan la voz, la paciencia de cada rito vegetal, el pie, el ojo en formación, la lluvia o los excesos del mar, van y vienen entre nuestras manos y a través del lenguaje se apresuran y hacen parte de nuestra propia inclinación.

La aparición de las palabras y sus sensibles componentes hacen una casa suficiente en la  ESTACIÓN DEL INSTANTE. Libro bello y solitario del poeta MIGUEL TORRES PEREIRA.

Whitman decía que “...no se trata de agarrar el lenguaje por el cuello y obligarlo a producir hermosos resultados. Yo no quiero hermosos resultados, quiero resultados, honestos resultados, expresión, expresión”.

Escribimos por la necesidad de comparar la vida con lo que pudiéramos sentir a cambio de los sueños o de la interpretación movible de esos sueños, que hacen la trayectoria del poeta en el círculo misterioso de la poesía.
Trabajo de expresión. Honesta. Vigorosa. Decidida expresión.

Expresión de las presencias que somos y no somos; signos y figuras -con su historia- en la elusiva nitidez de los ojos; voces que no escuchan; voces sonoras, sin espejo y el muriente ajeno donde se enlazan, silenciosos, los hilos que trabajan el poder de las palabras y el silencio que es atracción, lugar, deseo.

Pero igual permanecen los hechos y las cosas. Permanece conmovida la dulce imaginación. El puente equivocado. La luna ajena.

Todo lo nombramos y hasta lo repetimos.
Instantes de duración personal que permiten órganos despiertos dentro de nosotros. Mueven las manos entre nuestros dedos. Escriben así.

Hay la comprobación del agua para la sed y de la luz, para la sabiduría de un ojo. Pero el poeta sabe que la luz ve. Es la que se asoma desde nuestro pensamiento y recogiendo la ansiedad carnal, se acomoda lentamente en la experiencia de nuestros sentidos.

Seguramente la poesía nos ocurre muy cerca a la desesperación y el sensible material nos deja y continúa. TORRES PEREIRA es el poeta. Hace acuerdos con la quietud:

...la intimidad de la piedra
me ofrecía su espíritu...

Hace acuerdos con el tiempo y con la luz de la que se hace responsable:

Detuve mi partida por creerle a la luz.

Supe del resplandor que bebió la luciérnaga...

El poeta es su complaciente benefactor:

Sobre este instante altísimo todo lo entiendo...

Pero toda poesía es riesgo y laberinto o es respiración y asunto poderoso de la lengua que mueve el azar... mueve los deberes del tiempo.

MIGUEL TORRES compone y arma una medida del silencioso interior que ha de salir con un pretendido encargo. Ser poesía. A pesar de las trampas reservadas, ser poesía.

Y así se atreve:

...no quiero una muerte más
Con mi nacimiento es demasiado.

El carácter grave y la agudeza en la determinación permiten que la memoria convoque los dones entregados al poeta MIGUEL TORRES PEREIRA. Observador minucioso de lo suyo y del contacto con las disposiciones del día.

Amar el texto. Saberlo necesario y en su probable estabilidad jugar el paciente ajedrez de la escritura.


Hay tanta sombra derramada
                                      En el revés de los espejos
Navegamos nuestra propia negación...


Una fuente atrás queda reservada para merecer su poesía y agradecer su nítido insomnio que retorna. Ha mirado y ha escrito por nosotros. Su poesía nos pertenece y nos acoge hasta que:

...la tierra me sea leve.



Hernando Socarrás
Cartagena, Febrero de 2012


Jaime Arturo Martinez,Eparquio Vega, Alvaro Delgado,Miguel Torres Pereira, Argemiro Menco

  
Salomon Verhels, Argemiro Menco, Jaime Arturo Martinez, Hernando Socarràs, Miguel Torres Pereira, Eparquio Vega


Hernando Socarras, Jaime Arturo Martinez; Eparquio Vega Miguel Torres Pereira, Argemiro Menco

 
Argemiro Menco, Jaime Arturo Martinez, Cristo Garcia Tapias, Hernando Socarràs, Miguel Torres Pereira

Hernando Socarrà, Miguel Torres Pereira, Ivàn Beltràn, Argemiro Menco